Arturo Hernández Tovar
En los últimos años en México ha quedado demostrado que la democracia, al menos como fuerza del voto popular, es capaz de echar abajo, sin recurrir a la violencia, un régimen opresor, de saqueo.
Si ello ha de ser lección, la fuerza de la democracia, en tiempos de amenazas de invasión del gobierno norteamericano, recién consumadas en Venezuela, puede y debe convertirse en escudo seguro, en verdadera coraza en la que reboten cuantos golpes se asesten.
Pero preciso es tomar amplia conciencia de ello, y darle a la democracia plena autenticidad, respetando en todo su valor el sufragio como expresión genuina, razonada de la voluntad del ciudadano.
Desde luego, ello supone respetar la voluntad de las minorías; pero a estás, también ganarse ese respeto con propuestas que demuestren ser mejores a las de las mayorías, para llevar al país a superiores estadíos de progreso, de bienestar generalizado bajo criterios de justicia para todos, salvaguardando siempre los valores superiores de la patria, como tal.
En ese ideal de democracia que lleva a suponer un país en concordia, donde las minorías son respetadas, e incluso apoyadas sus iniciativas para convertirlas en acciones que contribuyen al desarrollo nacional, el escollo mayor, ciertamente lo representan los pro-imperialistas que siguen viendo que convertir a México en colonia de Estados Unidos de Norteamérica, sería lo mejor, así sea mediante la invasión armada para adueñarse de nuestras grandes riquezas, como el petróleo, el litio, minerales y otras tantas, así como de la ubicación estratégica que el país tiene.
Las mayorías que con la fuerza del voto popular llevaron al poder a la llamada Cuarta Transformación con el lema: “Por el bien de todos, primero los pobres” tienen ante sí el compromiso, también de respaldar las políticas y acciones que se despliegan Y, ¿Por qué no?, también rechazar las que sean lesivas, disonantes o abiertamente inconvenientes
Pero el movimiento de Regeneración Nacional (MORENA), que las concitó y organizó, hoy da la impresión de estar aletargado, inerme ante las constantes amenazas de invasión y de otra naturaleza.
Ya no es suficiente el apoyo popular con un Zócalo repleto, lo urgente es el respaldo que se oiga y se vea en las bases sociales conscientes, apoyando lo que ya se hace, pero también haciendo nuevas propuestas de transformación.





