De manera apresurada, una de las agentes de la Fiscalía General del Estado que fungen como parte acusadora en el multicitado caso del feminicidio de la maestra Jessica, ingresó a la sala de oralidad 16 y dijo: “Afuera, el padre de Diego Urick está hablando con la testigo…. para que esté enterado su señoría”.
El juez Ariel Montoya Romero instruyó al secretario que saliera a ver qué ocurría y advirtió que no está permitido haha ese tipo de acercamientos.
Nadie sabe lo que haya ocurrido en ese denunciado encuentro entre Bruno Urick (padre del feminicida) y la trabajadora social, adscrita a la Fiscalía General del Estado.
Lo cierto es que instantes después del acontecimiento, la mujer ingresó a la sala y su estado de nerviosismo fue evidente. Desde el momento en que el juez comenzó a interrogarla sobre sus datos generales, su voz denotó un estado de alteración emocional.
Al notar el evidente nerviosismo de la mujer, el juez la preguntó si se encontraba bien y hasta le cuestionó si conocía la mecánica de una audiencia de tal naturaleza…. “¿estado en otra audiencias?”, a lo que la trabajadora social contestó afirmativamente.
Vinieron las preguntas por parte de la representación de la Fiscalía y también de la defensa, pero la mujer nunca dejó de trastabillar verbalmente.
Al notar que su versión poco ayudaría o que incluso podría incurrir en alguna situación que pudiera ser aprovechada por la defensa, los enviados de la Fiscalía manifestaron al juez que era suficiente la participación de la mujer.
En los hechos, la labor de la trabajadora social se circunscribió a hacer el levantamiento de un estudio socioeconómico de la familia víctima del feminicidio, a la que ubicó como clase media, de acuerdo con los conceptos que para tal fin existen en la bibliografía académica, relacionada con las clases sociales en México.





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