Arturo Hernández Tovar
Las nuevas decisiones que el gobierno imperial de Donald Trump ha tomado para asfixiar de plano al pueblo de Cuba, luego de más de 60 años del ya de por sí criminal bloqueo económico, han levantado un creciente movimiento internacional de condena, y solidaridad con la Isla Revolucionaria. Esta es la cosecha de la solidaridad que Cuba ha sembrado en el mundo.
Trump ha cortado de tajo el suministro de petróleo que le era enviado desde Venezuela y ha hecho otro tanto al presionar para que México deje de abastecerle, bajo amenaza de aplicar severas sanciones arancelarias. Castigos similares penden sobre toda nación que ose ir en contra de la determinación imperial de ahogar a Cuba por el hecho de mantener un sistema de gobierno socialista y no alinearse al capitalismo.
Pero el estoicismo y las profundas convicciones revolucionarias de los cubanos siguen siendo ejemplo mundial y han reactivado la solidaridad que este pueblo ha sembrado en muchos países, a pesar del bloqueo del que ha sido víctima.
Aún en tiempos de calamidades como el COVID, Cuba no solo fue un país que resistió, produciendo su propia vacuna y ventiladores tan indispensables para superar esa terrible pandemia, sino que también apoyó a otros pueblos.
Siempre que otras naciones han padecido siniestros, Cuba se ha hecho presente para ayudar. Así ha sembrado solidaridad que ahora está cosechando.
Han llegado a la Isla las primeras aportaciones de bienes materiales que buscan aliviar las más urgentes necesidades, mientras que gobiernos como el de México avanzan por caminos diplomáticos para seguir suministrando el petróleo tan indispensable para activar la generación eléctrica que evite muertes en hospitales y la angustia en la población.
Pero ciertamente todavía no hay una reacción de apoyo que corresponda a lo recibido de Cuba, ni como gobiernos, ni como pueblos, ni como individuos directamente beneficiados.
A pesar del cruel bloqueo que ha sufrido desde hace más de 60 años, Cuba ha sabido crecerse ante el castigo y, con creatividad, ha desarrollado ejemplarmente sus sistemas educativo, de salud y de organización para el trabajo en el campo, cuyos exitosos resultados ha compartido con el mundo, en especial con países considerados hermanos como México.

Michoacán, por ejemplo, durante el gobierno de Lázaro Cárdenas Batel, fue beneficiario del respaldo de maestros cubanos para lograr que se levantara bandera blanca en analfabetismo; y en el área de la salud, especialmente en oftalmología, un gran número de pacientes fueron atendidos, incluso enviados a la Isla para cirugías más delicadas.
Además, estudiantes y médicos michoacanos han ido a formarse y especializarse en oftalmología avanzada.
A diferencia de otros países con capacidad bélica a los que el “huachicolero imperial” les ha desatado la guerra buscando despojarlos de su petróleo, Cuba es un país solidario; revolucionario sí, pero no guerrerista. Por ello, seguramente seguirá cosechando la solidaridad sembrada por el mundo, podrá salir adelante y volver a dar ejemplo de resistencia creativa, enarbolando su espíritu revolucionario y defendiendo el sistema que tanto sacrificio le ha costado durante seis décadas.
Un sistema que, por cierto, tiene mucho de replicable en México, pero que pasa desapercibido para quienes se dicen de izquierda. Quizá sea porque necesiten urgentemente tratamiento oftalmológico en Cuba.





